I'm digging my way to something better


sábado, 16 de mayo de 2009

El cucharón de plata



Federico vivía en un apartamento con Karla (su mejor amiga y compañera de oficina). Ante los ojos de las familias de Federico y Karla, ellos sólo compartían el apartamento y sus gastos. Jamás, nadie, podría comprobar lo contrario. Una noche Federico invita a su madre a cenar en su apartamento de soltero. Durante la cena la madre no pudo quitar su atención de lo hermosa que era Karla, la compañera de apartamento de su hijo.
Durante mucho tiempo ella había tenido sospechas de que su hijo tenía relación con Karla y al verla, la sospecha no pudo sino acrecentarse. En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se preguntó si se estarían acostando.

Leyendo el pensamiento de su madre, Federico le dijo: "Mamá, sé lo que estás pensando, pero te aseguro que Karla y yo sólo somos compañeros de apartamento".
Aproximadamente una semana después, Karla le comentó a Federico que desde el día en que su madre vino a cenar no encontraba el cucharón grande de plata para servir la sopa. Federico respondió que, conociendo a su madre, dudaba que ella se lo hubiese llevado, pero que le escribiría una nota y la dejaría en un lugar visible en la casa de su madre, en la puerta del refrigerador. que se sentó y escribió:

"Querida mamá: no estoy diciendo que tú tomaras el cucharón de plata de servir la sopa, pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras, el hecho es que éste ha desaparecido desde que tú viniste a cenar a mi apartamento. Con todo cariño, Federico".

Unos días más tarde, sobre su escritorio, Federico encontró una nota de su madre que decía:

"Querido hijo: no estoy diciendo que te acuestas con Karla pero tampoco estoy diciendo que no lo haces, pero el hecho es que si Karla se acostara en su propia cama ya habría encontrado el cucharón de plata de servir la sopa, puesto que yo lo dejé bajo sus sábanas. Con todo cariño, tú mamá".

Autor desconocido

jueves, 14 de mayo de 2009

sábado, 2 de mayo de 2009

Armas de Fuego + Arte



















Saludos

lunes, 27 de abril de 2009

La muerte de Spiderman

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domingo, 19 de abril de 2009

Martina Ströbel - Ilustraciones y arte digital





Le sacaron un árbol de un pulmón


Enterate de los detalles de esta historia increíble. A un paciente ruso al que le habían diagnosticado cáncer, le encontraron una rama de abeto creciendo en uno de sus pulmones.

Si viviera Jack Palance y todavía se hiciera “Aunque usted no lo crea, de Riplay” éste caso seguro sería retratado en el programa. Un ruso que sentía un fuerte dolor en el pecho y que al toser escupía sangre concurrió a un hospital de Izhevsk (Rusia Central) donde los médicos le realizaron estudios y determinaron que tenía un tumor, pero al operarlo para extirparle el cáncer se encontraron con una sorpresa: una rama de abeto creciendo en el pulmón.

Los médicos no salían de su asombro al ver el pequeño retoño adherido al pulmón y luego de extirparlo afirmaron que se trata del primer árbol de abeto que crece dentro de un pulmón humano.

Artyom Sidorkin, de 28 años, quedó estupefacto al escuchar de boca de los médicos que sus dolores y la sangre que escupía al toser no provenían de un cáncer, sino de los pinchazos que las agujas del abeto provocaban en uno de sus pulmones.

La noticia es lo bastante curiosa como para dudar de su veracidad. Los médicos, mientras tanto, opinan que Sidorkin debe haber inhalado un brote de abeto, que una vez alojado en uno de sus pulmones comenzó a crecer. El trozo extirpado será ahora estudiado para obtener más detalles de este caso.

fuente:
http://www.viarosario.com/noticias/noticias/le-extirparon-un-arbol-de-un-pulmon.html

El Castillo de Glamis



A Sir Patrick Lyon, tercer conde de Strathmore y propietario del castillo de Glamis, le gustaba contar una anécdota muy peculiar: Decía el conde que una noche de sábado en la que estaba jugando a las cartas con su amigo el conde de Crawford, un criado osó advertirle de que se acercaba el sabbath. Enfadado por la interrupción, el conde Patrick respondió que seguirían jugando y que si el demonio deseaba unirse a ellos sería bien recibido. A medianoche el demonio en persona se presentó en la sala dispuesto a aceptar la invitación. Jugaron una larga partida en el transcurso de la cual los dos condes perdieron su alma, quedando condenados a pasar en aquella habitación desde el día de su muerte hasta el Juicio Final jugando a las cartas. Esta historia siempre ponía los pelos de punta al interlocutor del conde, acrecentando su aura de jugador borracho y disoluto, y, sobre todo, la secular fama del castillo de Glamis como lugar maldito. Situado en el valle de Strathmore, en Tayside, Escocia, el castillo de Glamis pertenece a la familia Lyon desde 1372. La primera noticia de su existencia data de 1034, año en el cual el rey Malcolm II fue asesinado entre sus muros por un grupo de rebeldes. Se dice que mientras huían en medio de la noche, los asesinos se ahogaron en el cercano lago Forfar al quebrarse la superficie helada de este. Algunos afirman que es con el asesinato del rey cuando comienza la historia sobrenatural del castillo. Otros sitúan su inicio en 1372, con la llegada de la familia Lyon desde Forteviot, pues los Lyon habrían traído con ellos un cáliz acerca del cual se decía que si abandonaba alguna vez Forteviot acarrearía la desgracia sobre la familia. De ser cierto, la maldición del cáliz tardaría aún 150 años en manifestarse. En 1538 Janet Douglas, Lady Glamis por matrimonio, era injustamente condenada a morir en la hoguera, bajo la acusación de emplear artes brujeriles en contra del rey Jaime V. El castillo pasó a poder del rey, hasta que a su muerte fue devuelto a los Lyon. Aseguran que desde entonces el espectro de Lady Glamis es visto con frecuencia por sus pasillos bajo la forma de una “dama blanca” o una “dama gris”. Pero el de Lady Glamis no es el único fantasma que habita el castillo. También han sido vistos una anciana portando un fardo, un hombre de barba canosa (supuestamente un antiguo prisionero fallecido de hambre en el sótano), un paje negro con ropajes a la manera del siglo XVII, un ser flaco al cual se le llamó Jack el Corredor… Y el censo espectral no termina aquí. En una ocasión, un huésped vio aparecer una cara pálida y ojerosa al otro lado de la ventana de su habitación. El rostro desapareció como si algo tirase de él, y entonces se escucharon unos chillidos horribles. Otros huéspedes oían unos golpes en las paredes que no les dejaban dormir, y cuentan que esto le sucedió también a lady Elizabeth Bowes-Lyon (futura Reina Madre de la actual Isabel II de Inglaterra), quien pasó su infancia en el castillo. En 1957 una pobre sirviente abandonó su trabajo aterrorizada porque todas las noches escuchaba en la habitación contigua a la suya a Sir Patrick y el conde Crawford, los jugadores de cartas, arrojar unos dados, golpear el suelo con los pies y proferir terribles blasfemias. Pero apariciones aparte, el mayor misterio del castillo es el conocido como “el horror de Glamis”, un oscuro secreto familiar que cada conde ha de transmitir al próximo cabeza de familia cuando este cumple 21 años. Los rumores acerca del secreto comienzan a circular a finales del siglo XIX. Según parece, Claude Bowes-Lyon, decimotercer conde, que murió en 1904, vivió toda su vida obsesionado por este tema. Dicen que a un amigo que le preguntó por él le contestó: “Si te contara la verdadera naturaleza del secreto te postrarías de rodillas y darías gracias a Dios de que no fuera el tuyo”. Existen indicios de que el enigma está relacionado con una habitación oculta. Tras encontrarla por accidente en 1880, un obrero fue rápidamente despachado por el conde rumbo a Australia con una importante suma de dinero en el bolsillo. En los años 20 un grupo de huéspedes intentó localizar la cámara secreta, llegando a descubrir desde el exterior su ubicación aproximada, pero el decimocuarto conde de Strathmore montó en cólera al enterarse y no pudieron averiguar más. Según la principal hipótesis, el secreto consistía en el hijo deforme –si no abiertamente monstruoso– de uno de los condes, que habría vivido recluido en aquella habitación, sobreviviendo a varias generaciones. Sin embargo, esto no pasa de pura especulación, ya que el misterio continúa todavía sin ser desvelado. Estas son algunas, pues hay más, de las leyendas que se entretejen en torno al castillo de Glamis, el cual merecería con justicia el título de “Castillo más encantado de Escocia”.

La peor cantante de la historia

Florence Jenkins



Nacida como Florence Foster en 1868 en Wilkes-Barre, Pennsylvania, Florence Foster Jenkins recibió lecciones de música en su niñez y pronto expresó su deseo de viajar al extranjero para continuar tales estudios. Aun siendo de familia acomodada, su padre rehusó pagarle el billete, así que se fugó a Filadelfia con Frank Thornton Jenkins, un médico que más tarde se convertiría en su marido (se divorciaron en 1902). Tras su llegada a Filadelfia empezó a ganarse la vida como maestra y pianista. Después de la muerte de su padre en 1909, Jenkins heredó una suma de dinero que le permitió comenzar su carrera musical, habiendo sido antes disuadida por sus padres y su antiguo marido. Entró a formar parte de la vida musical de Filadelfia y más tarde de la de Nueva York, donde fundó y financió The Verdi Club, tomó lecciones de canto y empezó a dar recitales, siendo su primero en 1912. La muerte de su madre en 1928, cuando Florence tenía 60 años, le proporcionó libertad y recursos adicionales a la hora de perseguir sus objetivos.

Basándose en sus grabaciones, es evidente que Jenkins tenía muy poco sentido del oído y el ritmo y era a duras penas capaz de mantener una nota. Era normal que su acompañante hiciera ajustes para compensar sus variaciones de tempo y fallos rítmicos. Aun así se hizo tremendamente famosa, al parecer el público la adoraba por la diversión que proveía en lugar de por su habilidad musical. Los críticos a menudo eran tan crueles que bien pudieron servir para picar la curiosidad del público.

A pesar de su patente falta de habilidad, Jenkins estaba firmemente convencida de su grandeza. Se ponía a sí misma a la altura de sopranos de renombre como Frieda Hempel y Luisa Tetrazzini, y disculpaba las risas que a menudo provenían de la audiencia durante sus actuaciones como procedentes de rivales consumidos por "envidia profesional". Era consciente, sin embargo, de sus críticas, a las que una vez respondió: "La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que no canté".

La música de los recitales de Jenkins era una mezcla del repertorio operístico estándar de Wolfgang Amadeus Mozart, Giuseppe Verdi y Richard Strauss (todos ellos más allá de su habilidad técnica), Lieder (incluyendo obras de Johannes Brahms y "Clavelitos" de Joaquín Valverde, su partitura favorita) y canciones compuestas por ella misma o su acompañante, Cosmé McMoon, de quien consta que ponía caras a Jenkins por la espalda para provocar la risa de los espectadores. Después de su muerte le intentó robar su herencia declarando ser su amante, si bien había una amplia evidencia de que era homosexual. Jenkins a menudo llevaba elaborados disfraces que diseñaba ella misma, algunas veces aparecía con alas y espumillón y, para "Clavelitos", arrojando flores a la audiencia mientras ondeaba un abanico y lucía más flores en su pelo.

Después de un accidente de taxi en 1943 descubrió que podía cantar "Un fa más alto que nunca". En lugar de una demanda contra la compañía de taxis le envió una caja de caros puros al conductor.

A pesar de la petición pública de más apariciones, Jenkins restringió sus actuaciones en directo a unos pocos favoritos y a su recital anual en el auditorio del Ritz-Carlton de Nueva York. La asistencia a sus recitales estaba siempre limitada a su leal club de señoras y otros pocos elegidos (ella misma se encargaba de distribuir las entradas). Con 76 años, Jenkins finalmente cedió a los deseos de sus admiradores y actuó en el Carnegie Hall el 25 de octubre de 1944. Fue tal la anticipación con la que se anunció la actuación, que las entradas se agotaron con semanas de antelación. Jenkins murió un mes después.

Se dijo que los 32 años de carrera musical de Jenkins fueron una elaborada broma sobre el público, lo cual parece contradecirse con la afirmación de que su muerte después de su actuación en el Carnegie Hall fue resultado del rechazo de los críticos. Sin embargo, hay muy pocas evidencias que constaten dichas afirmaciones. Todo parece indicar que Florence Foster Jenkins murió con el mismo feliz y convencido sentido de plenitud que prevaleció durante toda su vida artística.

Ejemplo

Massacres Mozart

sábado, 7 de marzo de 2009

2 videos clip amateur de Dissection

Execelente banda,nada más que decir sobre ella, solo queda disfrutar de los videos

Dissection - Maha Kali (subtitulado en español)
Video no oficial de dissection, canción maha kali.
Editada con fragmentos de una presentación en vivo y de una pelicula (no se cual)


Dissection - Black Dragon (subtitulado en español)
Cancion black dragon de dissection con escenas de la pelicula reinado de fuego



Saludos!!

Al cumplir 200 años, Poe pide disculpas por emborracharce

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saludos