En abril de 1992, en los campeonatos extremos del esquí del mundo en Valdez, Bartelt de 27 años de Aspen, Colorado, cayó 900 pies verticales abajo de una cuesta rocosa, detonando uno de sus fémures. ¡El video se convirtió en el tema de una demostración de Discovery Channel, sobrevive esto! , y por lo menos 10 otros programas de USA. Bartelt explica, " Pues estaba a punto de hacer la primera vuelta del salto, mi esquí consiguió cogido en un agujero. Caí a través de secciones apretadas y sobre rocas. Con cada rotación luchaba para volver en mis pies. Pero iba demasiado rápido, y era una cuesta de 50 grados.
Curioso video en el que vemos un helicóptero volando sin que giren sus hélices. De hecho, todo se basa en el efecto producido por la velocidad de captura de la cámara. Sucede que las revoluciones por minuto del motor de las hélices es igual a las FPS (Frames por segundo) de la cámara, por lo que la misma captura el movimiento de las aspas exactamente en el mismo lugar para cada fotograma, produciendo un efecto visual que simula la ausencia de movimiento.
Hablar de “9″, la nueva producción de Tim Burton y Timur Bekmambetov, nos obliga a regresar un par de años al pasado, para ser más precisos al año 2005, cuando el director Shane Acker realizó un cortometraje de 10 minutos de duración con el mismo título. El film estuvo nominado al Oscar como mejor corto animado pero no ganó el premio. De todas formas, el film llamó la atención de estos dos grandes del cine para realizar la versión largometraje.
¿De qué trata “9″? Es la historia de un muñeco de trapo, que surge en un futuro post-apocalíptico en donde unas máquinas controlan todo y los seres humanos desaparecieron de la faz de la Tierra. El espíritu inquieto de “9″, lo llevará a investigar por qué las máquinas desean eliminar todo rastro de vida del planeta.
La película cuenta con las voces de Elijah Wood, John C. Reilly, Jennifer Connelly, Martin Landau, Christopher Plummer y Crispin Glover. La fecha de estreno (como no podía ser de otra forma) será el 9/9/09 en EE.UU.
Experimento con fluido no-newtoniano (maizena y agua)
Se aplicó una combinación de frecuencias a una mezcla de maizena y agua (fluido no-newtoniano), depositado en el interior del cono de un pequeño woofer. Esto genera que las moléculas se recombinen hasta ...
La siguiente es la historia de una niña que fue criada en estado semisalvaje. Durante trece años tuvo prohibido hablar o emitir sonido alguno. Luego de ser rescatada por los servicios sociales de Los Angeles, Genie debió adaptarse a un sinnúmero de experimentos por los que pasó por varios hogares sustitutos. Aquí la aberrante historia y videos de Genie.
El 4 de noviembre de 1970, los servicios sociales de la ciudad de Los Ángeles descubrieron una niña de trece años en estado semisalvaje, una criatura incapaz de hablar después de haber pasado su vida encerrada en una habitación a oscuras y en condiciones infrahumanas. Según describieron los testigos, en aquella habitación no había más que una silla-orinal, algunos ejemplares atrasados de la revista TV-Guide y la jaula de alambre en la que su padre la encerraba para dormir cada noche.
Durante aquellos trece años de vida, la pequeña Genie, como la bautizaron más tarde los investigadores, había tenido prohibido hablar o emitir sonido alguno. Su padre le golpeaba salvajemente o le ladraba como un perro si se le ocurría hacer algún ruido. Además de mantenerla aislada del resto de la familia, aquel hombre no le proporcionó otro alimento que no fuera comida para bebé o huevos cocidos. El habitáculo donde permanecía recluida, con las ventanas selladas, apenas le permitía ver cinco centímetros de cielo.
Genie durante gran parte de su vida sólo conoció sobre miedo y dolor. Cuando los psicólogos examinaron a la niña, descubrieron que caminaba con dificultad y se comportaba como una criatura salvaje: escupía, arañaba o trataba de masturbarse compulsivamente. La niña tenía un vocabulario de veinte palabras, en su mayoría órdenes como “¡para!”, “no” o “¡ya no más!”.
Sin embargo, y a pesar de que fue trasladada de inmediato a un hospital de Los Ángeles, la pesadilla de la pequeña Genie aún no había terminado. Animados por el estreno de la película “El pequeño salvaje” de Truffaut, varios investigadores se interesaron por su caso y creyeron ver en ella una oportunidad para avanzar en sus estudios sobre el lenguaje y el cerebro humano.
Durante largos meses Genie fue sometida a decenas de pruebas, con un valor más experimental que terapéutico, mientras los investigadores se peleaban por ver quién se quedaba con su caso. La doctora Jeanne Butler, en concreto, presumía de que aquel caso iba a hacerle famosa y terminó llevándose a la niña a su propia casa, donde la grabó durante horas mientras realizaba con ella todo tipo de pruebas de dudoso valor científico.
Después de aquella situación, otra pareja de científicos, el matrimonio Rigler, se hizo cargo de Genie y siguió con los experimentos. A pesar de que hubo algunos progresos, las pruebas incluían actividades contradictorias para la niña, como obligarle a recordar lo que le hacía su padre o permitir que se arañara la cara como forma de expresar su rabia. Después de comprobar las irregularidades, y la ausencia de un plan científico, la Asociación de Salud Mental de los Estados Unidos retiró el apoyo económico a la investigación y los Rigler perdieron el interés por la niña.
Por si el desbarajuste era pequeño, un tribunal devolvió la custodia a la madre, que interpuso una demanda contra todo el equipo de investigación y el hospital infantil de Los Ángeles por haberla sometido a “excesivas e insoportables” pruebas. Finalmente, la madre no fue capaz de cuidar de Genie y la niña pasó por otros seis hogares adoptivos, en algunos de los cuales volvió a sufrir malos tratos que le llevaron a profundas regresiones.
Hoy día sólo sabemos que, de estar viva, Genie se encuentra ingresada en alguna institución mental después de una vida miserable y sin haber superado ninguno de sus problemas.
Además de los interrogantes que plantea, el comportamiento de los científicos en el caso de Genie nos retrotrae a otras situaciones en las que los límites de la investigación no están del todo claros. En 1822, por ejemplo, el doctor William Beaumont se hizo cargo de un paciente herido durante una cacería al que los disparos habían dejado un agujero en el estómago. Durante los siguientes veinte años, el médico puso todo tipo de excusas para no cerrar la herida y seguir experimentando con aquel hombre, al que introducía alimentos con una cuerdecita para ver el efecto de los jugos gástricos.
Las investigaciones de Beaumont con aquella “cobaya humana” sirvieron para avanzar de manera muy significativa en el conocimiento de la digestión y ayudaron a salvar la vida de muchas personas. De igual forma, en el caso de Genie, los controvertidos experimentos de los psicólogos sirvieron para conocer algo más sobre el origen del lenguaje y las funciones cerebrales.
Salvando las distancias, y más allá de la buena o mala voluntad de los investigadores, en ambos casos alguien dio prioridad al resultado de una investigación frente al bien del paciente y en ambos casos es legítimo hacerse la misma inquietante preg: ¿hace falta experimentar con humanos?
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